jueves, 11 de octubre de 2007

Epitafio




“…pienso en tu cabello que estalla
en mi almohada, y estoy que no
puedo dar otra batalla…”
S. R.


Siempre me atrajeron los acantilados. Desde chico me gustaba arrimarme hasta el límite; jugar con el miedo.
Una mezcla ambigua de temor y curiosidad me llevaban una y mil veces hasta el borde del precipicio, mientras el cuerpo se agitaba y luchaba por permanecer en el lugar. Jugar con la idea de arrojarse y tal vez remontar un vuelo sin alas. Ilógico.
Ver el mar, sentir la brisa, el viento helado durante la madrugada. Las gaviotas picoteando. Volando, planeando, rozando apenas la arena húmeda.
Vivir en el límite de mis verdades me llevó hasta donde ahora estoy; por esa maldita costumbre de querer sentir la adrenalina de la rebeldía, como una forma de vida que no se puede sostener.
Hoy no estás. Ni siquiera sé por donde buscarte. Los caminos sinuosos nos marcaron distintos destinos. Las ideas utópicas nos devoraron el futuro, la longevidad, los proyectos.
Todavía no entiendo. No existe un manual que nos enseñe a vivir el dolor de la incertidumbre y que borre las ampollas de mis pies.
Hasta acá llegué, no se por donde seguir, me faltan fuerzas. El amarte y no tenerte me quita cualquier posibilidad de razonamiento, ni siquiera puedo retener el concepto primitivo de la supervivencia. El derecho de amar, de vivir, de luchar.
Voy de aquí para allá. Olfateando el aire, buscando tu esencia, devorando las calles a fuerza de desearte. Queriendo encontrar señales, presagios del futuro; algo que me indique por donde seguir. Ver tu rostro, sentir tus manos mientras me acaricia el viento, creer que sos vos desde algún lugar.
Hay una vida fuera de esta, que ya no retengo, como no puedo conseguir que la arena seca se quede en mis manos, cuando el viento me azota.
Puedo escuchar dentro de mi cabeza el grujir de sus botas, su repiqueteo acompasado. Como un látigo impiadoso. Esa madrugada. Por ese pasillo gris.
Testigos; el silencio, la incertidumbre, la cobardía, el miedo, la impunidad. Las cuatro paredes blancas de tu cuarto.
Imagino tu orgullo, elevándose como una bandera; parada, entera, enfrentando al demonio. Sabiendo que perderás todo, menos la dignidad que cultivaste en tantos años de lucha.
Por momentos me agita la pequeña esperanza de encontrarte, entonces trato y trato de retener esa ilusión para poder seguir, pero se desvanece; porque surge de mi necesidad, porque hasta un condenado a muerte puede pedir su última voluntad. Pero a mí me condenan otras cosas; tu ausencia, los hombres sin rostro.
Y no hay deseo poderoso, entrañable, que pueda devolverte.
Desde aquí se vuelve todo lejano. Una historia que les pertenece a otros.
El dolor es tan lacerante que se respira, se vuelve cotidiano, forma parte de esta nada que me envuelve. Es el momento en que se tiene la certeza de que ya no hay nada más. Nada por vivir. Nada por descubrir. El día zeta de nuestra existencia. El más oscuro y solitario.
Voy a volar. Y tal vez, sólo tal vez, te encuentre.

22 comentarios:

todas las cosas que vienen me recuerdan a ti dijo...

De tu blog me llevo frases como esta.
"No existe un manual que nos enseñe a vivir el dolor de la incertidumbre y que borre las ampollas de mis pies."

Relatos fuertes, pero atractivos como "la muerte es ciega", porque me enganche leyendo y llegue hasta la historia de Damian y Cristina, que tan real como triste.

Gracias por pasar por mi blog.

©Claudia Isabel dijo...

Gracias por leer. Me da gusto saber que estás, parece que compartimos la admiración por Spinetta y por el jazz.
Besos

RAMMSES dijo...

Puedo decir casi sin temor a equivocarme que comprendo y siento lo que acabas de escribir. Es así, así nos pasa, creemos que ya no pasará pero aún en el fondo de nosotros estamos expectantes. Y aquí estamos.
Un fuerte abrazo.

©Claudia Isabel dijo...

Así es amigo. Aveces la vida pasa en un minuto. Gracias por pasar y leerme. Besos.

Rodolfo N dijo...

Buena figura "el día Z", que quiza no es el fin, si aprendés a volar...
Besos

esmoris lara dijo...

Que no lo haga. que no salte al vacío. Un alma que se ofrendó a la lucha por la libertad jamás estará en el fondo del abismo. Que busque en los cielos, con la mirada libre.
Me voy envuelto en tus palabras, niña. Qué suerte que te encontré en mi mar, tu mar, el mar nuestro de cada día.
No nos soltemos mas!
Un abrazo de bienvenida.

©Claudia Isabel dijo...

Rodolfo, tendremos que aprender a volar...yo volaría sobre ese mar...Gracias amigo por pasar.
Besos

©Claudia Isabel dijo...

Es triste pensar que nuestro mar pueda ser el escenario de una vida que quiere terminar...nuestro amigo está desolado de tanto luchar...
Te tomo la mano, dale!
Nos seguimos leyendo.
Gracias por pasar

Amor dijo...

una carta de amor preciosa

¿eres así por dentro?

qué gusto haber llegado a ti

un beso

santi

©Claudia Isabel dijo...

Gracias dulce. También me gusta que hayas llegado...Besos.

Gustavo Tisocco dijo...

Gracias Claudia por visitar mi Hoguera y entender.
bello este texto que nos dejas, bello amor.
Un abrazo Gus.

©Claudia Isabel dijo...

Gracias a vos por pasar. Besos

mi despertar dijo...

Escribes tam bien te felicito, tus palabras en mi blog excelentes, yo estoy de acuerdo
Abrazos y besos para vos

©Claudia Isabel dijo...

Gracias encanto, por tu visita...tu blog me encanta!!!
Besos.

mi despertar dijo...

Hermoso escrito. me gusta tu blog, es como sos vos... real y ardiente. Abrazos desde Miami a Baires.

©Claudia Isabel dijo...

Gracias Mucha, me encantó el debate que se armó con los anónimos, no solo la que reclama al marido, sino al machista recalcitrante...Me muero de risa.
Gracias por pasar, besos.

mi despertar dijo...

Claudia, me gusta tu entereza y me siento identificada con vos
besos y flores
mucha

©Claudia Isabel dijo...

Gracias Mucha...Cariño!

Amorexia dijo...

No tengas miedo, no es nada.
Las sombras? Son solo eso... no son gente, no es nadie.
La soledad? Pero estoy a tu lado, no voy a dejarte, tómame la mano.
La oscuridad? Es solo un pensamiento, no lo tomes así, mira mas allá de los ojos.
El tiempo? Puedes tocarlo? Hueles los colores? Saboreas las texturas? Juega con la luz.
El barullo? No te preocupes, es solo el silencio que viene, relájate, tómame de la mano, levántate de tu cuerpo, este viaje será inolvidable!

©Claudia Isabel dijo...

Bueno, me has dejado anonadada, sin palabras...
Te mando un beso.

azpeitia dijo...

En mi "Carta a Helena" la protagonista quiere volar sobre un acantilado con el corazón atravesado por el dolor sin "una última voluntad.."ni tan siquiera un último deseo.
Entiendo el dolor de la -protagonista-.....Escribes con una prosa fluída que arrastra y no cansa...eres muy,muy,muy buena....un besazo desde azpeitia

©Claudia Isabel dijo...

Azpeitía, gracias amigo por leerme. Que gusto!!!
Un abrazo

Un diamante negro