
Decíme víctor, ¿por qué el sauce llorón se llama así?
Mi hermano me miró sonriendo de oreja a oreja y me pellizco las mejillas.
- Vos siempre haciendo preguntas rebuscadas- dijo riendo a carcajadas.
Me gustaba verlo reír. Su dentadura relucía dentro de su boca grandota. Había algo trágico en su mirada, que en ese momento no supe captar. Y ese algo lo ponía en un extraño trance que lo dejaba como suspendido en una letanía indescifrable para mí; de persona que estaba a miles de kilómetros, pero que a la vez intentaba conectarse con el mundo normal.
Víctor tenía tanta dulzura en su mirada que podía encandilar a cualquiera; su energía, su carácter decidido y esa manera terminante de resolver, lo convertían en líder, mecenas entre quienes lo conocían.
Ignoraba los motivos por los cuales se reunían tantos chicos adolescentes en casa, y tampoco sabía porqué me hacían salir con cualquier excusa de la sala o habitación.
Recuerdo bien un día en el que estaban todos agolpados frente al televisor, y una voz grave anunciaba cosas; tenía uniforme, pero nada de lo que decía era entendible para mí.
Tanto Víctor, como sus amigos, estaban preocupados, unos que otros lloraban y también eran consolados. A mi me obligaron a retirarme a mi habitación, pero estuve todo el tiempo tratando de escuchar sus conversaciones, que se redujeron a palabras sueltas que no entendía; cuadratura, ideología, intelectuales, dictadores, milicos…
- Algo va a ocurrir, dijo víctor en un susurro, y se hizo un extraño silencio en la sala. Se abrazaron en ese mutismo y lloraron sin disimulos.
En ese momento creí que se trataba de un “dejá vu” que eso ya lo había vivido, en otra vida o en ésta, no sé, pero la sensación era muy rara.
Me dejé arrastrar por ese mar furioso dónde nada era predecible, y esa escena de adolescentes llorando y abrazándose, me resultó conmovedora.
Los días siguientes eran más raros aún. De pronto dejé de ver a mi hermano y a sus amigos. Cuando le preguntaba a mis padres por él,
me respondían cualquier cosa con una sonrisa forzada y me abrazaban. Yo quedaba sumergida en una tristeza absoluta.
Durante semanas vi a mi madre llorar por los rincones, tratando de disimular su angustia; no quise hacer obvio que ya me había dado cuenta que algo grave estaba sucediendo, y que a pesar de mis doce años, había cosas imposibles de tapar. Mi hermano no estaba y era un hecho.
Habían pasado unos meses desde aquel día del anuncio por TV, y de la ausencia de Víctor. Noté a mi madre más rara que nunca. Me dijo ya sin lágrimas:
- Vamos Victoria, tenemos algo que hacer, el mundo no está hecho para los cobardes.
La verdad no entendía el alcance de sus palabras en ese momento.
Sé que me vistió de manera infantil, me hizo unas horribles colitas de nena, bastante estúpidas, teniendo en cuenta que ya medía un metro sesenta y cinco y lo que menos parecía era una nena, aunque a pesar de serlo, jamás me vestí como tal.
Tomamos el colectivo ciento ochenta y uno, en una calle oscura un día de semana. Bajamos en otra calle oscura de la capital, zona Devoto. Todavía era invierno y el frío no quería irse. Estábamos exageradamente abrigadas y con parte de la cara tapada con bufandas...
Obra:"Noche bruja" de Noemí Ruiz









20 comentarios:
Me gusta muchísimo tu manera de narrar. Espero leer pronto la segunda parte.
Un beso grande.
Raquel,muchas gracias por tu atenta compañía...
Un abrazo
Siempre me dieron pánico las dictaduras de los débiles, desde lo bajo a las altas instancias. Todo lo pudren.
Un saludo, Maestra.
Carlos, si absolutamente, y ni hablar de la debilidad de los que la aceptan...
Gracias por tu atención!!!
Tus relatos me encantan.
Un abrazo
Me ha gustado mucho, donde se lee lo que sigue? Besos.
Waiting, muchas gracias, el relato sigue en unos días por el mismo canal!
Besos
Que intenso relato, empieza el drama de las dictaduras, y eso junto a un crudo invierno, un hermano desaparecido y una madre desesperada.
Una niña que aún no entiende el entorno que se le viene encima.
Me gusto demasiado, siempre he dicho que la historia es circular, vuelve y vuelve al comienzo, no debemos olvidar las dictaduras, y los horrores de las guerras.
Debemos recordárselo a las personas siempre, para que estemos siempre atentos a cualquier cambio en la vida política de nuestras naciones.
Saludos
víctor y victoria
¡venceremos!
;)
beso
Increíble! los ojos inocentes tratando de rebuscar una verdad demasiado cruenta para su edad, pero demasiado importante para dejarla desapercibida. De verdad muy bueno.
Saludos desde mi extraño país amiga.
Dolores fantásticos que sde escapan del relato.
Increible y tristísima pesdadilla...
Besos, amiga
Víctor y Victoria.
A veces, vencer la crueldad desde los ojos pasmados de un niño es tan fácil...
Gracias por traernos esta historia, para que recordemos, y para que evitemos que algo así vuelva a ocurrir.
Espero la segunda parte.
Un beso.
Soledad.
Siempre planea la sombra del recuerdo, la posibilidad de revivir la historia.
Revisitemos la historia para no tener que vivirla. Aún así, el hombre es el único animal que tropieza con las mismas dictaduras.
Roy, el tema de las dictaduras y todo lo que se desprende de ellas nunca termina de desgranarse, porque las consecuencias nefastas de esos años siguen su curso...acá se sigue peleando hasta por los chicos nacidos en cautiverio y que fueron dados a distintas familias e incluso apropiados por los mismos torturadores, cosa que lo hace más patético aún...
Memoria activa para que no vuelva a ocurrir!!!
Gracias amigo.
Un abrazo
Amor, claro que sí...Es una historia real recreada por mi...
Un beso
Amorexia, Muchísimas gracias amigo!
Un abrazo y te espero para la continuación...
Un abrazo
Rodolfo, si, una pesadilla!!!
Gracias por acompañarme poeta...
Un abrazo
Soledad, muchas gracias. Esta bueno ejercitar la memoría, hablando, escribiendo y de paso hacemos catarsis...
Un abrazo
Ñoco, muy cierto lo que decís, ya está demostrado amigo que es así!
Un abrazo
¡Nunca más!
Luciano, Nunca más!!!
Un abrazo
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