Nos bajamos en una esquina. Anduvimos de acá para allá durante horas, hasta que mi madre se decidió a tocar el timbre de una casa.
Al principio nadie asomó. Igual nos quedamos estáticas, hasta que se abrió la puerta y desde la oscuridad de esa sala pude escuchar la voz de mi hermano.
- ¿Qué hacen acá? Estás loca mamá, sabés bien a que te estás exponiendo…
Mi madre empezó a llorar en silencio, como si acabara de comprobar el error de su actitud, sólo recién en el momento en que Víctor se lo señaló. Ella penetró un momento la sala oscura y lo abrazó fuerte, lo beso varias veces en la mejilla y solo dijo.
-Perdóname hijo…perdoname. Luego me tomó de los hombros y me alejó.
Me quedé con un gusto amargo en la boca, y la tristeza que venía sintiendo desde la ausencia de mi hermano, se fue acrecentando hasta hacerse casi intolerable. Me di vuelta y lo miré; solo vi su triste sonrisa desde la penumbra de la puerta entreabierta, y su mano elevándose mecánicamente en un saludo incomprensible.
Lloré en silencio, en una letanía absoluta entre voces lejanas, murmullos, bocinas de automóviles, flashes parpadeantes de semáforos que no veíamos. Mi madre y yo, caminando apretadas, sintiéndonos al borde de un abismo, solas, sin poder gritar al mundo nuestro dolor.
Pasaron muchos meses de ausencia, en los cuales habíamos aprendido a vivir una vida fingida, como que “Acá no pasó nada”. Todos actuábamos nuestro papel de la mejor manera posible.
Yo seguía escuchando el llanto de mi madre a cualquier hora del día, mientras simulaba que no me había dado cuenta, y ella fingía que tampoco se daba cuenta de mis largas desapariciones en las que me encerraba en el placard de mi cuarto. Mientras tanto mi padre, para poder soportar la incertidumbre, se refugiaba en el trabajo cada día más, y también se alejaba de nosotras. Creo que se sentía impotente frente a mamá, quizás por la obligación de ser el fuerte de la familia, y porque se sentía incapaz de devolverle el hijo y la tranquilidad.
Fueron días de zozobra. Suspendidos en la nada. Sólo marchábamos al compás de la espera. Y yo sin entender que era lo que realmente estábamos esperando, además de mi hermano, claro.
El clima seguía siendo denso. Y note que la gente había perdido la sonrisa. Ya no se reunían a altas horas de la noche para matear en la vereda con los vecinos de la cuadra, y escuchar la música de Piazzola y Goyeneche desde un destartalado Wincofón.
Todo había cambiado desde ese día que los uniformados hablaron por TV. Pero cada quien seguía su rutina.
Una noche de tantas, estrellada, hermosa y cercana a la primavera, levemente cálida y húmeda; escuché al perro del vecino ladrar con tanta insistencia que me asusté. No quise despertar a mis padres que ya bastante noches de insomnio tenían desde que mi hermano no estaba.
Así que decidí averiguar los motivos que tenía el perro para ladrar de esa manera. Espié por la ventana del comedor, que da a la calle y directo a la entrada, sin encender ninguna luz.
Primero vi una sombra proyectándose en el pasillo. Me estremecí. Se me cruzó que alguien venía a buscar a mi hermano. No sé porqué se me metió tal pensamiento, cuando en esos momentos nadie sabía lo que ocurría en el país; aunque soto voce se hablaba de gente que desaparecía.
Seguí observando esa sombra, hasta que dejó de serlo y una silueta oscura apareció ante mis ojos. Yo podía ver todo sin ser vista, amparada en el anonimato de las sombras. Entonces una idea se cruzó como un rayo. Salí decidida y sin hacer ruido hacía el cuarto trasero dónde mi padre guardaba sus herramientas. Sabía muy bien que el ocultaba el arma allí, entre sus pinzas y llaves inglesas. Lo había visto escondiendo algo, después de que Víctor se fuera; y más tarde pude comprobar de qué se trataba. Me apresuré a tomarla. Sabía como gatillarla, lo había visto en infinidad de películas. La dejé lista para disparar, después de comprobar que estaba cargada.
Desde el momento que la tenía gatillada, me dejó de temblar la mano. Estaba decidida a usarla para defender a mi familia de quien sea.
Me arrimé a la ventana. La silueta se había desplazado hasta el pasillo de costado que daba al garaje, igual, lo tenía en foco.
Estaba esperando el momento oportuno. Justo cuando lo tenía bastante cerca, corrí el dedo pulgar y me preparé para martillar. En ese mismo instante, el hombre se sacó el pasamontañas y se arrimó a la ventana dónde yo me encontraba, sin verme, y se ve que con la idea de espiar por ella. Solo recién, cuando lo tuve cerca, y a pesar de la barba espesa que le cubría gran parte de la cara, me di cuenta asustada, que se trataba de Víctor.
Rápidamente fui al cuartito de herramientas y guardé el arma, me acosté, y esperé escuchar la voz de mis padres para salir. No quería enturbiar la felicidad del momento, que me vieran con el arma en la mano, y que ellos supieran que pude ser la autora de un desastre; la asesina de mi hermano.
Nunca sabré hasta que punto hubiese llegado esa noche más negra. Tampoco lo quiero saber.
Al principio nadie asomó. Igual nos quedamos estáticas, hasta que se abrió la puerta y desde la oscuridad de esa sala pude escuchar la voz de mi hermano.
- ¿Qué hacen acá? Estás loca mamá, sabés bien a que te estás exponiendo…
Mi madre empezó a llorar en silencio, como si acabara de comprobar el error de su actitud, sólo recién en el momento en que Víctor se lo señaló. Ella penetró un momento la sala oscura y lo abrazó fuerte, lo beso varias veces en la mejilla y solo dijo.
-Perdóname hijo…perdoname. Luego me tomó de los hombros y me alejó.
Me quedé con un gusto amargo en la boca, y la tristeza que venía sintiendo desde la ausencia de mi hermano, se fue acrecentando hasta hacerse casi intolerable. Me di vuelta y lo miré; solo vi su triste sonrisa desde la penumbra de la puerta entreabierta, y su mano elevándose mecánicamente en un saludo incomprensible.
Lloré en silencio, en una letanía absoluta entre voces lejanas, murmullos, bocinas de automóviles, flashes parpadeantes de semáforos que no veíamos. Mi madre y yo, caminando apretadas, sintiéndonos al borde de un abismo, solas, sin poder gritar al mundo nuestro dolor.
Pasaron muchos meses de ausencia, en los cuales habíamos aprendido a vivir una vida fingida, como que “Acá no pasó nada”. Todos actuábamos nuestro papel de la mejor manera posible.
Yo seguía escuchando el llanto de mi madre a cualquier hora del día, mientras simulaba que no me había dado cuenta, y ella fingía que tampoco se daba cuenta de mis largas desapariciones en las que me encerraba en el placard de mi cuarto. Mientras tanto mi padre, para poder soportar la incertidumbre, se refugiaba en el trabajo cada día más, y también se alejaba de nosotras. Creo que se sentía impotente frente a mamá, quizás por la obligación de ser el fuerte de la familia, y porque se sentía incapaz de devolverle el hijo y la tranquilidad.
Fueron días de zozobra. Suspendidos en la nada. Sólo marchábamos al compás de la espera. Y yo sin entender que era lo que realmente estábamos esperando, además de mi hermano, claro.
El clima seguía siendo denso. Y note que la gente había perdido la sonrisa. Ya no se reunían a altas horas de la noche para matear en la vereda con los vecinos de la cuadra, y escuchar la música de Piazzola y Goyeneche desde un destartalado Wincofón.
Todo había cambiado desde ese día que los uniformados hablaron por TV. Pero cada quien seguía su rutina.
Una noche de tantas, estrellada, hermosa y cercana a la primavera, levemente cálida y húmeda; escuché al perro del vecino ladrar con tanta insistencia que me asusté. No quise despertar a mis padres que ya bastante noches de insomnio tenían desde que mi hermano no estaba.
Así que decidí averiguar los motivos que tenía el perro para ladrar de esa manera. Espié por la ventana del comedor, que da a la calle y directo a la entrada, sin encender ninguna luz.
Primero vi una sombra proyectándose en el pasillo. Me estremecí. Se me cruzó que alguien venía a buscar a mi hermano. No sé porqué se me metió tal pensamiento, cuando en esos momentos nadie sabía lo que ocurría en el país; aunque soto voce se hablaba de gente que desaparecía.
Seguí observando esa sombra, hasta que dejó de serlo y una silueta oscura apareció ante mis ojos. Yo podía ver todo sin ser vista, amparada en el anonimato de las sombras. Entonces una idea se cruzó como un rayo. Salí decidida y sin hacer ruido hacía el cuarto trasero dónde mi padre guardaba sus herramientas. Sabía muy bien que el ocultaba el arma allí, entre sus pinzas y llaves inglesas. Lo había visto escondiendo algo, después de que Víctor se fuera; y más tarde pude comprobar de qué se trataba. Me apresuré a tomarla. Sabía como gatillarla, lo había visto en infinidad de películas. La dejé lista para disparar, después de comprobar que estaba cargada.
Desde el momento que la tenía gatillada, me dejó de temblar la mano. Estaba decidida a usarla para defender a mi familia de quien sea.
Me arrimé a la ventana. La silueta se había desplazado hasta el pasillo de costado que daba al garaje, igual, lo tenía en foco.
Estaba esperando el momento oportuno. Justo cuando lo tenía bastante cerca, corrí el dedo pulgar y me preparé para martillar. En ese mismo instante, el hombre se sacó el pasamontañas y se arrimó a la ventana dónde yo me encontraba, sin verme, y se ve que con la idea de espiar por ella. Solo recién, cuando lo tuve cerca, y a pesar de la barba espesa que le cubría gran parte de la cara, me di cuenta asustada, que se trataba de Víctor.
Rápidamente fui al cuartito de herramientas y guardé el arma, me acosté, y esperé escuchar la voz de mis padres para salir. No quería enturbiar la felicidad del momento, que me vieran con el arma en la mano, y que ellos supieran que pude ser la autora de un desastre; la asesina de mi hermano.
Nunca sabré hasta que punto hubiese llegado esa noche más negra. Tampoco lo quiero saber.









26 comentarios:
qué alivio, al final la noche fue un poco menos negra
Santi,después de tanta muerte injusta, a esta historia le puse final feliz...
Un abrazo
Qué bueno que, entre tanta pesadilla, la noche larga tuviera, por lo menos esta vez, un final mejor.
Difícil calificarlo como feliz... Nunca va a dejar de ser triste, pero, al menos, hubo un destello de luz, entre tanta obscuridad.
Negri, un beso grande!
Si, soy libre de opinar...
Después de tantas muertes injustas, finales tristes y desgraciados, has hecho bien en dejar esta historia con un regusto feliz. Bastate has hecho con mantener presente el reino de la intolerancia, estupidez e injusticia.
Un beso rojo esperanza.
Habría sido un desastre, terrible. Que bueno que tuvo otro final. Besos
Georgie,y si, podríamos decir final feliz si estuvieramos relatando otro tipo de hechos...pero estos dejaron marcas muy profundas entre los sobrevivientes...lo bueno fue haber pasado por todo manteniendo el cuerpo y el espíritu!
Gracias por pasar.
Un abrazo
Ñoco, si, entre tanta porquería y maldad, al menos alguien que pudo volver a su vida, no?
Gracias por pasar.
Un abrazo
Waiting, asi es, de vez en cuando...
en este blog no es común una historia con final feliz...vamos mejorando!
Un abrazo
Nos tuviste en un hilo, Clauda. Muy, muy bien contado, manteniendo el suspense hasta las últimas líneas.
Y sobre los hechos, y por fortuna, él sí pudo volver. Víctor le hizo honor a su nombre.
En nuestro recuerdo, quienes no pudieron volver en la noche más negra.
Un beso.
Soledad.
Ya se mascaba la tragedia....menos mal que al final le dió un giro humanitario. Estaba bien de tanta dolor y represión; hacía falta un rayo de esperanza.
Una narración muy interesante, Maestra.
Saludos.
Soledad, me alegra mucho que te guste...es cierto, le hizo honor a su nombre.
Esos que no pudieron volver de la noche más negra tienen todo nuestro respeto y memoria.
Un abrazo
Carlos, nuestros personajes casi reales nos matan. Supongo que lo mismo le pasa a los actores, sobre todo con los hechos reales...en este caso es una historia allegada, de mi entorno.
Gracias por acompañarme con la lectura.
Un abrazo
Muy bueno, Claudia. Celebro tu compromiso con la memoria.
Un beso.
Raquel, Memoria obsesiva diría yo...te cuento que cuando salió el libro "Nunca más" y lo tuve en mis manos, no paré de leer y llorar hasta que lo terminé...estuve horas. Mi familia pensaba que me había vuelto loca, hasta soñaba con esas historias terribles, y las imágenes me mataban.
Esta historia es real, todas las otras las ficcioné. La primera que escribí se titula: "cuidado con el cuco" y todavía no la publiqué ni la posteé...en caulquier momento..
Gracias por acompañarme siempre.
Un abrazo
Me impresiono el final, me decía podía ser el hermano, y decía ojala no jale el gatillo y lo mate, un excelente final, ojala todos los finales fueran así, cuando nuestros seres amados llegan sanos y salvo de nuevo a casa.
Saludos
Roy, si, esta vez opté por una historia con final feliz...si es que en estas historias se pueden decir que los finales son felices.
Gracias por pasar.
Un abrazo
...mmmmm escalofriante relato, menos mal que, al final una tremenda sincrinicidad... descubierta a tiempo, cambio el rumbo de los acontecimientos...
Hola guapa, te mando saludos y un abrazo fuerte de la hija de la noche
Naty
Natasha, viste! aveces algo imperceptible te cambia la vida, como ocurrió con estos personajes...
que lindo tenerte por acá!!!
Un abrazo
A un final a todo suspenso le pusiste un toque de cordura sensatez e imprevisible.
Besos, amiga
Rodolfo, si, esta vez le pusimos un final menos terrible. Gracias por pasar...
Un abrazo
Muy bueno el cuento. Como llegué hoy pude leerlo completo. Tanto suspenso, tanta represión en esa niña, tanto no decir para no herir... y sí, no se puede decir final feliz, pero sí esperanzador. Quizás muchos se reencontraron con sus familias, no? Muy bueno como mantuviste el suspenso hasta el final. Un beso. Siempre es un placer leer lo tuyo.
Lirium, pero muchas gracias...un placer tenerte por acá.
Un abrazo
Para cuándo una actualización, Doña ?
Saludos
Pronto...veo que ha pasado bastante tiempo!
Abrazos
ME QUEDA ,SIN EMBARGO ,LA DUDA
UNA DUDA RECÒNDITA,ACERCA DE ESTE FINAL ...FELIZ
RECURRENCIAS,CLAUDIA
UNA NIÑA QUE SUFRE,MUCHO
ESCONDIDA EN EL PLACARD
HISTORIAS REALES
POCOS VICTOR QUE HAN VUELTO.
QUE COSA,HERMANA.-
A esta le quise poner un final menos trágico, porque me resulta raro hablar de un "Final feliz" después de todo lo que ocurría bajo neustras narices, no?
Gracias por pasar.
Besos
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